1 año sin Steve Jobs meets Leonard Cohen

Hace ya algunos viernes tuve un día bastante cargado de emoción, hasta el punto que motivo éste post que no tenía preparado y surge de forma totalmente espontánea.

En primer lugar se cumplía un año desde la muerte del ex-CEO de Apple y en ese sentido se dejaron escuchar las redes, incluyendo un emocionante video en su web, vídeo que demuestra como su comunicación de marca sigue estando al nivel del diseño de sus productos (¡y sus tiendas!), siendo los mejores del mundo.

La leyenda hecha a si misma

No seré yo quien descubra al gran Steve Jobs, sobre el que han escrito páginas y páginas personas mucho más autorizadas e informadas que yo. No. Sólo quiero hacerle mi pequeño homenaje y reconocerle diciendo que es un personaje que trascenderá su tiempo (su leyendo sólo ha hecho que comenzar) gracias a su innegable carisma y capacidad de gestión, pero también por sus productos. Muchas veces hablo con personas sobre el fanatismo de los usuarios de Apple (incluido mi buen amigo Antonio Domingo, que me “vacila” bastante con el tema) pero la realidad es esta: sus productos me han conquistado no sólo por diseño, usabilidad, etc. sino por que me hacen sentir especial. Y cuando digo especial me refiero a que, desde que mi padre me compro mi primer ordenador -un Commodore Amiga 500– en el año 87, no me había sentido igual de ilusionado, emocionado y tocado por dentro por una máquina.

20 años de grises máquinas clonicas con su gris sistema operativo han sido muchos años. No estuvo demasiado mal sobre todo por el hecho de poder abrirlos y descuartizarlos y volverlos a montar como si fueran Legos, pero al final, uno acaba cansado de ver lo mismo todos los días, especialmente cuando ese algo es mediocre.

Más tarde ese mismo día pude finalmente ir a ver a uno de los grandes iconos de la historia de la música moderna, Leonard Cohen. El concierto cumplió todas mis expectativas en lo musical, con un Palacio de Deportes absolutamente abarrotada y entregado, un repertorio de canciones espectacular y un Leonard Cohen con muchas más facultades de las que yo esperaba encontrarme en un hombre con cerca de 80 años tan vividos.

De las cosas que más me marcaron de aquella noche fue su voz. No por su gravedad por todo el mundo ya conocida, o por el tono de sus canciones. Me marco la autenticidad y la sinceridad de la misma. La absoluta convicción y fuerza con las que las palabras salían de su boca. Todo un derroche de autoridad de alguien que, supongo que consciente de tener casi todo el camino ya recorrido, se sabe tranquilo y ganador.

Y en ese punto es donde ambos personajes del dia, Jobs y Cohen, se cruzaron para mi, en mi cabeza y en mi corazón. En sus discursos y formas de vida, autenticos, sinceros, a veces erróneos, pero siempre con la fuerza y la convicción que da el querer saber donde y como quiere uno ir. En vidas ya terminadas o cercanas a, en las que queda demostrado que si por algo destacaron es por haber perseguido y luchado por lo que querían conseguir. ¿Mente o voz privilegiada? Puede, pero con eso solo no se llega muy lejos, y ellos lo hicieron.

En eso, en una carrera profesional y personal propia, con estilo, rigurosa y sacrificada que nos lleve al éxito estoy convencido que todos podemos ser como ellos.