La descapitalización emocional

Hace unos días leí una noticia que me hizo estremecerme con una extraña sensación que oscilaba entre la pena, la indignación y la sonrisa cínica, aquella que de alguna manera dibuja inconscientemente en tu cara algo de lo que, en lo mas profundo de tu ser te alegras, porque ya lo sabías.

Decía que, según una encuesta (de las cuales también es cierto, desconfio todo lo que puedo) el 75% de los trabajadores acuden a su puesto de trabajo con resignación e indiferencia. Sin necesidad de apuntar al 75, al 50 o el 99,99% si creo que en general es un numero lo bastante alto como para que sea destacable.

Por mas que algunos afirmen lo contrario, yo creo que es esencial que las personas que se involucren en un proyecto, sea en el lado personal o profesional de sus vidas, crean realmente en ello. Es decir, que firmen, suscriban un contrato emocional, que es mas fuerte y tiene mas peso que el contrato en papel, independientemente de la figura jurídica que adopte este.

E incluyo el lado personal junto al profesional, porque esto es así en todos los ordenes de la vida. Todos nos atamos, nos afiliamos, nos arrimamos a empresas, organizaciones o grupos en mayor o menor medida conforme a nuestra mochila de ideas, creencias, valores, etc. es decir a lo mas profundo de nuestro yo, por lo que como decía esos lazos están mucho mas enterrados en nuestro ser y por tanto tienen mas fuerza contractual para con nosotros mismos que lo que un contrato en papel basado “simplemente” en la ley laboral o mercantil.

Pensemos simplemente en que todos participamos de una manera mas o menos activa, en afiliaciones tales como la futbolística (¡cuán de profundo es ese contrato!), la política o la religiosa. Pero también nos afiliamos con los amigos que escogemos o con nuestra pareja.

Lo que sucede cuando uno de estos contratos se rompe en el plano emocional pero pervive en el plano papel tiene consecuencias desastrosas. Nuetras tripas se revuelven, enfermamos, ¡nos estamos atacando a nosotros mismos, actuamos de manera distinta a como creemos, en contra de lo mas profundo de nuestro ser! Ponganos un ejemplo sencillo: cuando dejamos de estar enamorados de nuestra pareja (contrato emocional) pero seguimos casados (contrato papel) por motivos económicos o simplemente por cobardía, lo que viene a continuación muchas veces son infidelidades, hastío, aburrimiento, mentiras, dolor.

Pues en el mundo laboral es exactamente lo mismo. Yo firmo emocionalmente con una compañía un contrato porque creo en el proyecto, porque me gusta, porque la organización es muy grande y muy importante, porque me aportará profesionalmente, porque me van a pagar mucho y bien, por el coche de empresa: por una remuneración salarial que acompaña al contrato papel  y también por una remuneración emocional que acompaña en gran medida al contrato emocional. Y para rubricar este enlace nos “casamos”: lo rubricamos en un marco legal, bajo un paraguas que dé protección a ambas partes, en el mundo real, de leyes y reformas laborales.

Lo que sucede cuando descubres (demasiado a menudo, me temo) que la empresa no es tan bonita por dentro como por fuera, porque el edificio pintaba bien pero dentro esta hecho una mierda; que tu jefe, tan simpático y con tanta química contigo en las entrevistas es un autentico capullo; cuando el ambicioso proyecto cargado de responsabilidades y retador para ti, es simplemente una rutina de seguir ordenes, gestionar el e-mail y tener cuidado con la lucha de poder alrededor del director general… ¿os suena?

Poco a poco nuestro contrato emocional se erosiona, el amor se va acabando por las promesas incumplidas, pero desgraciadamente el vil metal, siempre el vil metal pesa y mucho. Las facturas no se pagan con el autoestima, es decir, con el salario emocional. La hipoteca, el fabuloso Audi que te compraste con tu estratosferico paquete salarial, la suscripción premium a Spotify, al Canal +, las letras del fabuloso combo de Sony Bravia + Playstation3

Y entonces lo que vienen son los cuernos, los engaños, la mentira y en fin, el dolor. Es decir, el absentismo, tanto el físico como el presencial, aquel en el que no dejamos de ir a trabajar pero sería mejor si lo hiciéramos, porque lo que por la oficina aparece no es si no el pálido reflejo de lo que un día lejano (o no tan lejano) fuimos. Nos abandonamos a nuestra suerte, dedicandonos a tomar café, leer el periódico en Internet o gastar nuestro maravilloso sueldo ganado con el sudor y sangre, no de nuestra piel que ya no se estira si no de nuestra alma que sufre, en eBay.

Hordas de oficinistas de camino al trabajo

Cuando esta tendencia es generalizada, se produce una descapitalización emocional en la compañía y nuestra compañía pasa a ser una compañía zombi. Ya no tenemos un ejercito de personas con vida propia, luminosos, intra-emprendedores, si no grises y putrefactos seres sin alma, no-muertos, que caminan con la cabeza gacha y sin rumbo por los pasillos. Y esto da lugar a comportamientos en la organización de tipo burocrático, victimista, de currar poco y escurrir mucho el bulto. Porque a ti te engañaron, no es es esto lo que te prometieron. Y si a alguien no le gusta, especialmente a los nuevos, pues que se joda; De manera que esta actitud se transmite como el mas letal de los virus afectando pronto a toda la organización.

Seria muy fácil dejarlo aquí y echar toda la culpa al mediocre jefe o empresa de turno pero no lo haré. Es en este punto donde creo que hay que poner el foco y abrir los ojos, puesto que aquí está la clave: El puesto de trabajo no es vitalicio, no es en propiedad y no es titular. Ese es el punto, que nos han enseñado y nos han dicho, que hemos visto y nos hemos querido creer, que tener un trabajo es como tener una hipoteca: mía, de por vida, que nos hace padecer el mal de Gollum: MI anillo, MI trabajo.

Por lo que amigo, el único culpable de estar como estas eres tú, es de cada uno de nosotros, porque yo y solo yo soy el propietario, el dueño de mi vida. El problema esta en que en la zona de confort se vive muy bien, y por ello lo mejor es quejarme y no hacer nada, ergo hacerme la victima (deporte nacional numero 2 después del fútbol): Yo estoy muy mal pero la nomina calentita al final de mes…

Porque, si ya no estoy enamorado, claro, como voy a afrontarlo y a hablarlo y a tratar de arreglarlo y quizás, si es la solución, ¿a divorciarme? ¿Estás loco? Mejor será seguir poniendo los cuernos a mi señora y eso si, sentirme mal por ello; Y si no me gusta mi trabajo porque lo es lo que no me prometieron, ¿como pensar en buscar otro trabajo o mudarme de ciudad o incluso en emprender el mío propio? ¿¿Estás loco??

Necesitamos mas empresas responsables con las cuales poder firmar mejores contratos emocionales pero como las empresas las hacen las personas que trabajan en ellas, es fácil deducir que lo que mayormente necesitamos son profesionales responsables y enteros, honestos en primer lugar consigo mismos, valientes y maduros, conocedores de sus habilidades, de su talento, y al frente de sus vidas, con capacidad de dar un golpe de timón si necesario.

¿Asi que, porque no vuelves a la vida desde tu estado de zombi y te pones las pilas si tu trabajo (o alguna otra faceta de tu vida) no te gusta?

Te aseguro que cuesta mucho esfuerzo, pero como todas las cosas que cuestan, la recompensa es incalculable: ¡¿ser (un poco más) feliz?!

La reforma laboral

Con la reciente aprobación en el Parlamento y con los sindicatos apretando con toda su maquinaria (incluida un huelga general el próximo día 29 de este mes), se continua alimentando la polémica de la tan traída y tan llevada reforma laboral en este país.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de asistir a un desayuno de trabajo puesto en marcha por el prestigioso despacho de abogados Gómez-Acebo & Pombo en su sede en las torres Kio de Madrid. Conservo gran amistad con algunas personas de las que allí trabajan después de haber colaborado con ellos y puedo decir sin lugar a dudas que tienen un gran equipo, que son grandes profesionales y que desde luego trabajar con ellos es garantía de seguridad y tranquilidad jurídica.

Cuando llegue al desayuno la información que yo tenia era la meramente leída en la prensa, lo cual por otra parte es no decir gran cosa. Desconfío por principios de los dictados de las lineas editoriales. Sin embargo mi percepción cambio radicalmente después de la brillante ponencia del gran Antonio Sempere y de Inés Molero, elevando mi conocimiento de la misma por encima del ruido mediatico.

De forma sumaria y a destacar:

  • Grandes novedades en cuanto a negociación colectiva: Incluyendo el descuelgue de convenios colectivos que no tienen porque ser solo al nivel salarial, cambios en el procedimiento de la firma de los mismos, cambios en las modificaciones sustanciales o cambios en la ultractividad de los mismos.
  • A nivel acceso al empleo: La posibilidad de que las ETT actúen como agencias empleadoras, el mantenimiento en la linea de las bonificaciones al empleo indefinido, cambios en formación, la obligatoriedad para las empresas de llevar a cabo la recolocación en algunos casos de despidos colectivos, el intento de regular el teletrabajo y la limitación de la duración de los contratos temporales a dos años.
  • A nivel flexibilidad interna: Desaparecen las categorías en favor de los grupos profesionales y a partir de ahí se articulan diversos mecanismos de ascensos y descensos, jornadas irregulares y traslados de manera que ofrezcan mayor opciones al empresario antes de adoptar la decisión de despedir.
  • A nivel flexibilidad externa: se intenta regular y poner orden en las causas; Se elimina el “despido express”; Se simplifican los procedimientos; Se aclaran (¡por fin!) los motivos de despido para los absentistas profesionales que tantos dolores de cabeza nos causan a los profesionales de recursos humanos; Desaparecen los salarios de tramitación mediante la aceptación de cantidades en el despido improcedente; Se regula la inadaptacion de un trabajador a su puesto de trabajo mediante formación y si no, despido; Y efectivamente, como todos los medios de comunicación y los sindicatos se empeñan en recordarnos, se rebaja la indemnización de 45 días con un tope de 42 mensualidades a 33 días con un tope de 24 mensualidades, desde el día 12/2 y sin efectos retroactivos aunque si con un limite de 720 días.
  • En cuanto a formación y conciliación: Se aclara el calculo de reducción de la jornada por maternidad, se crea un nuevo régimen de las mutuas para vigilar las bajas medicas.

En general, la reforma parece bastante completa, abarcando muchos aspectos y no solo el famoso, polémico y ya cansino tema de la indemnización por despido. Sin embargo si existen algunos puntos que podrán ser mejorados, en el tramite parlamentario, como el periodo de prueba de 1 año. En palabras de Antonio “la urgencia de la reforma no justifica alguna medida”, sobre todo por la forma mas que por el contenido y siendo que algunos temas pueden invadir competencias de las Comunidades Autónomas.

Por tanto, sin querer posicionarme a nivel politico puesto que no es mi campo de actuación y a riesgo de crear polémica, parece claro que ante un examen profundo de la ley esta si puede ayudar a remontar la grave situacion que vivimos.

Claro, no es perfecta, claro, no satisface a todo el mundo, claro, los sindicatos están indignados -y puedo entenderlo, es su trabajo el hacer presión y proteger los derechos de los trabajadores- y en ese sentido puedo darles la razón ya que esta ley socava algunos derechos laborales desde un punto de vista clásico.

La pregunta que deberían hacerse después de dejar de mirarse el ombligo es si pueden lo primero comprarse un calendario y ver en que año estamos. Lo segundo es mirar a su alrededor y mirar la cantidad  de personas, de talento sin ocupación, con una gravísima crisis no solo económica si no de empleo y una fragante fuga de capital humano del país (¿quien no conoce a algún profesional que se haya ido recientemente fuera del país en busca de fama y fortuna?).

Si haciendo dicho análisis no son capaces de entender que situaciones complicadas requieren de medidas arriesgadas, que  los tiempos están cambiando, que las relaciones laborales están cambiando mucho mas rápido de lo que las leyes son capaces de regular, que las personas están cambiando su forma de relacionarse mucho mas rápido de lo que la sociedad es capaz de asimilar, entonces será complicado que entiendan y acepten no esta, si no ninguna reforma.

Es 2012, no antes ni después. Mirar atrás no sirve de nada. Solo el presente cuenta.

Yo desde luego apuesto por salir cuanto antes de esta situacion en la que estamos y ello solo es posible con cambios, arriesgados, novedosos. Repito, la ley no es perfecta, pero prefiero morir haciendo que esperar cruzado de brazos. Quedo con la duda de saber si algún día se recuperara parte del status-quo que los trabajadores van a perder -y esto no es solo exclusivo de España- pero es el signo de los tiempos que nos toca vivir. En ese sentido me quedo con una frase maravillosa de Antonio: “La reforma protege el empleo, aunque no la propiedad del puesto“, esa es la esencia de esta ley.

Parece claro que la ley beneficia a las empresas: perfecto, el balón esta en su tejado, es su oportunidad de arrimar el hombro y ayudar. Pero, desde el punto de vista del trabajador, lanzo una idea que esta muy en la linea de lo que vengo viendo, leyendo y aprendiendo en las ultimas semanas: Si la reforma beneficia a la empresa en detrimento del trabajador, ¿porque como trabajadores no dejamos la clásica actitud pasiva del trabajador y no nos convertimos un poquito mas en empresas, o mejor dicho, en marcas, en nuestras propias marcas? Si los trabajadores no queremos ser mercadeados, ¿porque no hacemos por dejar de ser mercancías para ser proveedores de las empresas?

Pongamonos todos a trabajar y esperemos a que el tiempo, con el peso de los números, de o quite la razón a esta ley.