El lujo del futuro

Ahora que estoy inmerso en el estudio del mundo del lujo desde sus más variadas perspectivas (social, sociológica, como marcas, como industria, como experiencia, etc.) me gustaría hacer una reflexión sobre cual es mi visión de lo que supone el lujo y más importante, de proyectarlo a futuro para hacer una pequeña previsión de cómo veo el lujo del futuro.

Según mi opinión, el lujo del futuro presenta varios interrogantes, dada la evolución de los gustos y los estilos de vida de las nuevas generaciones.

Por un lado seguro que seguirá existiendo una demanda de un lujo inaccesible, reservado a tan solo unos pocos en el mundo.

Pero a pesar de estos pocos privilegiados que puedan acceder a estos niveles tan exclusivos del lujo, la tendencia de que el lujo es y será accesible a cada vez más personas seguirá en aumento. Cada vez más las personas que conformamos la clase media media-alta aspiramos a consumir (y de hecho lo hacemos) un lujo accesible, aún a costa de otros servicios o productos que dejamos de consumir.

Esta tendencia, que ya existe, es la que precisamente va a impactar en mayor medida el devenir de la industria del lujo, en tanto en cuanto es la que mayor cuota de mercado afecta.

La industria del lujo y sus códigos
La industria del lujo y sus códigos

En ese sentido, el consumidor que hoy tenemos y son tendencias que van en aumento y que serán más palpables cuando la generación “millennial” tenga poder adquisitivo:

Personalización: Cada vez más nos gusta, queremos y estamos dispuestos a pagar más dinero por diferenciarnos del resto a través de la personalización, aunque sea una “falsa personalización” ya que sean ligeras modificaciones sobre productos industriales. El lujo tiene que tener un alto nivel de personalización.

Experiencia: Cada vez más nos gusta no solo poseer pero disfrutar. El vivir una experiencia sea comiendo, viajando o vistiendo algo. Queremos sentir y que esa sensación sea memorable. El lujo tiene que perdurar en nuestra memoria.

Verde: Cada vez más las personas somos sensibles a que los servicios o productos hayan sido hechos respetando el medio ambiente y no solo la materia prima pero también a las personas y la sociedad entera. El lujo tiene que ser sostenible.

Digital: Por supuesto, si no tiene presencia en el mundo digital a todos los niveles simplemente no existirá. Las nuevas formas de comunicar, de vender, de ser y estar son absolutamente necesarias para el consumidor del futuro. El lujo tiene que ser digital.

Artesanal: Pero en contraposición a esa necesidad de existir en el mundo digital será más valioso y apreciado que el lujo sea lo más natural posible, que esté lo más cerca de la naturaleza posible, lo menos tratado. Desde que un alimento esté hecho con alimentos de la granja recién recogidos a que un viaje sea de total inmersión en la cultura local por extrema que sea. El lujo tiene que ser autentico.

Solamente reuniendo estas características el lujo continuara vendiendo y funcionando al ritmo que lo hace ahora. Por supuesto, y dado que la tendencia es seguir funcionando en el mercado de forma cada vez más masiva se seguirán diluyendo los limites entre el lujo y el mass market.

¿Llegaremos al punto de no saber diferenciar donde acaba y empieza cada uno? Posiblemente acaben siendo dos caras de una misma moneda, dado que es el signo de los tiempos. Como lo definió Zygmunt Bauman, son tiempos líquidos (porque son flexibles, volubles) por lo que no podemos esperar si no un lujo liquido (flexible y amoldable según el cliente, la situación ,etc).

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Experiencias vs. Competencias

Hace unos meses en una entrevista de trabajo con un consultor de una consultora de selección (valga la redundancia) de cuyo nombre prefiero no acordarme, me preguntaba si había tenido experiencia previa en el desempeño de una serie de tareas como contenido de una posición determinada para una gran compañía del sector del retail.

Ante la negativa de mis respuestas a la mayoría de sus preguntas en esas tareas tan específicas, aunque no obtuve la respuesta de una manera directa (otro gran “vicio” de los profesionales de recursos humanos) quede fuera de dicho proceso de selección.

Esto, que puede parecer de perogrullo, no lo es tanto. Yo, como profesional de recursos humanos, sé que aunque una persona no haya desempeñado exactamente esas tareas (cosa al 100% imposible, puesto que no hay dos empresas iguales) pero tiene las aptitudes, actitudes y conocimientos (esto es, las competencias) suficientes para ello está en condiciones de desempeñar un óptimo desempeño de la posición. Más aún, en mi experiencia particular si hay posiciones previas ocupadas muy similares, a lo mejor no tan específicas, pero si lo suficientemente similares para considerarlas indicadoras de mi valía para esa posición en particular.

¿Eres tú a quien busco?

Y, abundando en el tema, existen entrevistas por competencias para exactamente eso: validar la tenencia o no de dichas competencias y en qué medida la persona se adapta a la posición.

Esta anécdota, ya pasada, denota una más de las numerosas malas prácticas que aún siguen perviviendo en este apasionante área. Sé que el causante de esta situación no era el consultor de turno, si no evidentemente su “malvado” cliente, el director de recursos humanos que quería un profesional que sí y solo sí hubiese desempeñado dicha función previamente ¡craso error! ¿No sabía acaso que de esta manera dejaba fuera un rango probablemente alto de profesionales que hubiesen resultado válidos para la búsqueda?

Si, ya sé que no pocas veces la experiencia es requisito si ne qua non para determinadas posiciones, ya sea por la especifidad del entorno, del sector, alguna dificultad particular o simplemente por el alto salario que están dispuestos a pagar, pero otras veces es el puro conformismo o simplemente vagueria la que nos lleva a tomar este tipo de decisiones de buscar al candidato con el “retrato robot”.

Lo ideal, como casi todo, estará en un mix de ambas cosas, de las experiencias y de las competencias, con una horquilla entre ambas que nos permita acertar con el perfil y tener éxito en nuestra búsqueda.