Con la movilidad a cuestas

Tenemos ante nosotros una época de cambios constantes, acelerados y profundos. Y como no podía ser de otra manera la movilidad es uno de los aspectos sobre los que más se está trabajando.

Cuando hablamos de movilidad enseguida nos viene a la cabeza los móviles y tabletas que todos tenemos pero, ¿Y si llevamos eso al terreno del empleo? ¿En qué pensamos?

Pensamos en los viajes que como profesionales tenemos que hacer y también pensamos en las oportunidades que nos han ofrecido o quizás estemos buscando fuera de nuestro mercado habitual. Y no nos engañemos, si los móviles son capaces de ponernos en las manos todo lo que podemos pensar (ropa, entradas, ¡empleos!) los profesionales también tenemos que tener esa capacidad de movilidad o corremos el riesgo de convertirnos en commodities cómo con tantos y tantos factores que nos amenazan en ese aspecto todos los días.

Que nadie me malinterprete cuando hago esta reflexión, no quiero decir que haya que moverse continuamente, ni que todos los momentos son buenos para un cambio como el que supone trasladarse de ciudad, país o continente. Pero si tenemos que tener muy presente que si nuestra carrera profesional es importante para nosotros cada día estamos más supeditados al “factor móvil” como elemento diferenciador de nuestra oferta de servicios. Al igual que la mayoría de las empresas españolas están saliendo fuera a competir dado lo limitado del mercado español actual, un perfil internacional es más que recomendable y muy valorado hoy en día.

Los nuevos caminos a seguir.
Los nuevos caminos a seguir

El mundo es hoy más pequeño que nunca gracias al imparable (¿implacable?) avance de la tecnología, no sólo en el móvil si no en los transportes o en la burocracia. Cada día podemos hacer más cosas y llegar a más personas a través de menos operaciones. Eficiencia pura. Por tanto paradójicamente esa misma tecnología que nos trae (casi) todo a la palma de la mano hace que tengamos que salir más de casa, a veces para ir más lejos. Una preciosa paradoja para convencer a los “no creyentes” de las bondades de la tecnología.

En un movimiento imparable (y en España empujado aún más por la crisis, indudablemente) observo cómo mi red de contactos se mueven cada vez más habitualmente entre ciudades debido a razones profesionales (nuevamente, aquí los españoles nos llevamos la palma en cuanto a porcentajes de emigración).

Como profesional de la gestión de personas encargado muchas veces de buscar y seleccionar personas, para mi ya no es tan importante que esa persona resida en la misma ciudad donde está la posición vacante como que la persona tenga la predisposición a moverse donde sea necesario para acometer el proyecto.

Indudablemente el mundo nunca ofreció tantas posibilidades y tan al alcance de la punta de nuestros dedos (muchas veces incluso no es metafórico, pues ya existen multitud de apps de búsqueda de empleo). Es nuestras manos está el decidir si acometemos o no la maravillosa aventura de la internacionalización.

Preveo que esta tendencia seguirá en aumento para generaciones venideras y que a nuestros hijos o nietos les parecerá y resultará lo más normal del mundo cambiar de ciudad debido a motivos profesionales. A nosotros nos corresponde construir las bases para que eso suceda de la manera más natural y con el menor coste posible para ambas partes.

Anuncios

El lujo del futuro

Ahora que estoy inmerso en el estudio del mundo del lujo desde sus más variadas perspectivas (social, sociológica, como marcas, como industria, como experiencia, etc.) me gustaría hacer una reflexión sobre cual es mi visión de lo que supone el lujo y más importante, de proyectarlo a futuro para hacer una pequeña previsión de cómo veo el lujo del futuro.

Según mi opinión, el lujo del futuro presenta varios interrogantes, dada la evolución de los gustos y los estilos de vida de las nuevas generaciones.

Por un lado seguro que seguirá existiendo una demanda de un lujo inaccesible, reservado a tan solo unos pocos en el mundo.

Pero a pesar de estos pocos privilegiados que puedan acceder a estos niveles tan exclusivos del lujo, la tendencia de que el lujo es y será accesible a cada vez más personas seguirá en aumento. Cada vez más las personas que conformamos la clase media media-alta aspiramos a consumir (y de hecho lo hacemos) un lujo accesible, aún a costa de otros servicios o productos que dejamos de consumir.

Esta tendencia, que ya existe, es la que precisamente va a impactar en mayor medida el devenir de la industria del lujo, en tanto en cuanto es la que mayor cuota de mercado afecta.

La industria del lujo y sus códigos
La industria del lujo y sus códigos

En ese sentido, el consumidor que hoy tenemos y son tendencias que van en aumento y que serán más palpables cuando la generación “millennial” tenga poder adquisitivo:

Personalización: Cada vez más nos gusta, queremos y estamos dispuestos a pagar más dinero por diferenciarnos del resto a través de la personalización, aunque sea una “falsa personalización” ya que sean ligeras modificaciones sobre productos industriales. El lujo tiene que tener un alto nivel de personalización.

Experiencia: Cada vez más nos gusta no solo poseer pero disfrutar. El vivir una experiencia sea comiendo, viajando o vistiendo algo. Queremos sentir y que esa sensación sea memorable. El lujo tiene que perdurar en nuestra memoria.

Verde: Cada vez más las personas somos sensibles a que los servicios o productos hayan sido hechos respetando el medio ambiente y no solo la materia prima pero también a las personas y la sociedad entera. El lujo tiene que ser sostenible.

Digital: Por supuesto, si no tiene presencia en el mundo digital a todos los niveles simplemente no existirá. Las nuevas formas de comunicar, de vender, de ser y estar son absolutamente necesarias para el consumidor del futuro. El lujo tiene que ser digital.

Artesanal: Pero en contraposición a esa necesidad de existir en el mundo digital será más valioso y apreciado que el lujo sea lo más natural posible, que esté lo más cerca de la naturaleza posible, lo menos tratado. Desde que un alimento esté hecho con alimentos de la granja recién recogidos a que un viaje sea de total inmersión en la cultura local por extrema que sea. El lujo tiene que ser autentico.

Solamente reuniendo estas características el lujo continuara vendiendo y funcionando al ritmo que lo hace ahora. Por supuesto, y dado que la tendencia es seguir funcionando en el mercado de forma cada vez más masiva se seguirán diluyendo los limites entre el lujo y el mass market.

¿Llegaremos al punto de no saber diferenciar donde acaba y empieza cada uno? Posiblemente acaben siendo dos caras de una misma moneda, dado que es el signo de los tiempos. Como lo definió Zygmunt Bauman, son tiempos líquidos (porque son flexibles, volubles) por lo que no podemos esperar si no un lujo liquido (flexible y amoldable según el cliente, la situación ,etc).

En el nombre de la resiliencia

En los últimos tiempos se ha puesto muy de moda un término o palabro que cada vez se puede leer en más y más sitios: resiliencia. Según la definición de la RAE el termino es la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas” en un sentido psicológico o también la “capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”, lo que igualmente nos da una buena aproximación a lo que quiere decir.

Por tanto, cuando los coach y psicólogos y colegas de recursos humanos en esta materia nos dicen que “la resiliencia es una de las competencias mas demandadas en los profesionales de hoy en día” nos están diciendo que los profesionales de hoy son muy valorados si tienen una gran capacidad de adaptarse a situaciones complejas en entornos profesionales, lo que dado la que esta cayendo, es cierto que resulta muy útil.

¿Resiliencia es por allí o por aquí?
¿Resiliencia es por allí o por aquí?

Ahora bien, me gustaría hacer dos matizaciones  sobre esta afirmación y tendencia con la que a priori estoy de acuerdo:

  1. Esta moda me resulta una obviedad, es decir, que no por ser cierta y por estar de acuerdo con ella no me resulta nada nueva. Yo, que llevo unos cuantos años en el ámbito de la selección siempre he tratado de buscar personas con una gran capacidad de resistencia a situaciones estresantes, a cambios constantes, etc. ¿Y no afecta esto al ámbito de la resiliencia? Lo siento, pero aquí voy a ser critico como siempre trato de serlo: creo que nos están vendiendo el mismo perro de siempre con distinto collar, algo muy de moda en estos días. Nos ponéis mas de lo mismo de siempre, pero con un envoltorio y un lazo distinto, mucho mas moderno, mucho mas cool y a inflarse a hablarnos de la importancia de la resiliencia. Esta bien, aplicáis estrategias de marketing para venderlo mejor, pero no intentéis hacernos creer que habéis descubierto la formula de la Coca-Cola.
  2. En el nombre de la resiliencia se están colgando a muchos buenos hombres de altos maderos por el cuello. Me explico, como los tiempos son los que son, como la crisis es la que es, como el país es el que tenemos, tenemos que tener generosas dosis de resiliencia para ser buenos y cotizados profesionales dentro y fuera de nuestra organización pero, ¿Donde esta el limite entre la resiliencia y la estupidez? ¿Hasta donde puedo y debo como profesional (y no lo olvidemos, primero como persona) adaptarme a decisiones, situaciones duras, drásticas, que quizás lastimen mi dignidad, o mis principios? Es decir: ¿Vale todo en el nombre de la resiliencia? ¿Donde están los limites y quien los pone? Pues bien, me consta (y seguro que a ti también) que mucha gente está pagando el no tener las necesarias dosis de la susodicha competencia a niveles disparatados, es decir, donde la palabra resiliencia podríamos sustituirla por tragaderas u otras incluso aun mas graves.

Dicho esto, me gustaría creer que la resiliencia es una competencia muy importante pero de la cual no se abusa, como de la confianza. Que todos tenemos que esforzarnos por desarrollarla es acertado pero que eso suponga que los limites de la misma están claros para todo el mundo. Que las situaciones límites no se dan ni todos los días, ni todas las semanas, ni todos los meses o por lo menos no de forma continuada en el tiempo. Y ahí podríamos entrar a hablar sobre otro tema, el del jefe o la empresa “incendio” donde todo se quema todos los días y hay que estar continuamente apagando fuegos extraordinarios a través de esfuerzos extraordinarios, cosa que da para otro post.

Y tu, ¿tienes un alto grado de resiliencia? ¿Crees que en tu trabajo se sobrepasan los limites lógicos de la misma? Cuéntamelo en los comentarios.